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La Asociación Hijos Que Esperan está formada por padres adoptantes de niños considerados con necesidades especiales, ayudados por el inestimable apoyo de personas ajenas al mundo de la adopción y que están sensibilizados con esta causa.



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miércoles, 7 de julio de 2010

Relato con sabor a chocolate

Este nuevo relato nos acerca hasta Etiopía. Agradecemos a esta familia anónima este maravilloso trozo de su corazón y rogamos discreción a todo aquel que lo lea, si intuyes de quién se trata, guarda su nombre en tu interior.  

Hace como unos 7 años que nos planteamos ya en serio que nuestro segundo hijo sería adoptado. Empezamos a mirar países, condiciones y demás, y nos quedamos con China… Entonces no teníamos ninguna prisa, entre otras cosas mi marido no tenía la edad legal para adoptar en China, y nos entretuvimos mirando cosas a cerca de la adopción… Así fue como encontramos el pasaje verde y a mi querida Jone. Desde que hicimos este descubrimiento, hemos visto llegar muchos príncipes y princesas, la mayoría de China pero también de algún otro país y no hemos dejado de asombrarnos



Desde ese momento nos tocó esperar por unas y otras razones y madurar nuestra decisión. Nos tocó también el cambio de requisitos de China y cambiamos nuestro corazón a otro país, Etiopía… Y la verdad es que no me quedó ni ápice de duda porque descubrí un país maravilloso que me enamoró desde el primer momento.



Quisimos abrir nuestro hogar a un niño de necesidades especiales y ahora que lo oigo reír a carcajadas en los brazos de su padre, pienso que las “necesidades especiales” están más en nuestra cabeza que en la suya.



Después de pasar por todo el proceso de elección de agencia, idoneidad, cursillos y esperas, por fin un día llegó la ansiada llamada. Sonó el teléfono cuando menos lo esperaba, ya que nos dijeron que faltaban todavía varios meses para tener una asignación. Fue una llamada muy escueta, simplemente sabíamos un diagnóstico, teníamos que aceptar ser padres de una “hepatitis C”.



La agencia envío el expediente a una doctora de nuestra elección, pero lo cierto es que inmediatamente estábamos buscando pronósticos y sobre todo tratamientos, estábamos buscando como mejorar su futuro y aprendiendo a cuidarle, así que nos dimos cuenta de cual era la decisión que habíamos tomado. Llamé a la agencia y di un SI todo lo grande que tuve, y una vez que la diputación dio su consentimiento, recibimos un e-mail que contenía todos sus datos, pero sobre todo, una foto de su carita. Era un niño de 4 añitos guapísimo que nos esperaba en Addis Ababa. De aquella foto recuerdo siempre dos cosas, lo impresionante de la tristeza de su mirada y el brillo moreno de su piel.



Desde ese día hasta el día del encuentro tuvimos tiempo de hacernos un master sobre el tema, leyendo, mirando, preguntando a los médicos. Lo nuestro es a años vista… Por el momento será un niño normal, con el que habrá que tener algún cuidado extra, dentro de 20 ó 30 años veremos que pasa, esperemos que la medicina haya avanzado lo suficiente para encontrar una solución si su infección empeora o tiene consecuencias. Pero eso forma parte de los “y si…” de la vida. Las cosas pueden pasar o no, pero no por eso nuestro pequeño necesita menos una familia.



Pero todas estas tribulaciones fueron hasta el día que nos conocimos… a partir de ese momento la verdad es que se me hace difícil pensar que un niño tan alegre, tan lleno de vitalidad tenga algún tipo de problema médico. En realidad, la patología pasa a un segundo plano y te ocupas de ella cuanto tienes que hacerlo, el resto del tiempo disfrutas de tus hijos sin más.



Cuando lo recogimos, era como un fardito, ni hablaba, ni se movía, ni te miraba… nada de nada. Su cuidadora vino a despedirse entre lágrimas y nos dijo que era un niño muy bueno, y tenía razón. Las primeras reacciones de mi hijo, movimientos primero, sonrisas, aplausos y sonoras carcajadas, han sido siempre para un plato de comida. Podía no decirte nada, ni siquiera mirarte, pero le ponías delante un plato de cualquier cosa y no paraba de aplaudir y de reírse. No he querido sacar conclusiones sobre esto, porque son dolorosas, pero las cosas caen por su propio peso. Al segundo día ya nos echaba pequeñas sonrisas y al tercero, se reía a mandíbula batiente. Un ángel, un verdadero ángel, no dejo de pensarlo.



Era más pequeño de lo que pensábamos, tanto física como psicológicamente, era casi un bebé que necesitaba ayuda para la mayoría de las cosas cotidianas que un niño de 4 años debería tener resueltas. Es realmente vulnerable y se ve a la legua que necesitaba mucho una familia que lo mimara y lo cuidara, pero mucho mucho. Y él te lo devuelve todo siendo simplemente como es, un niño cariñoso, bueno y alegre. Claro que es un niño y tiene sus momentos malos, pero sigo pensando que es un ángel y me siento profundamente afortunada de ser su madre. No sé lo que nos deparará el futuro, tal vez sea uno de esos pocos “porcientos” en los que la enfermedad causa estragos, pero aunque así lo fuera, no puedo dejar de mirarlo y pensar que volvería a hacerlo. No me perdería por nada del mundo la satisfacción de ser su madre.



Y no dejo de pensar que en aquel orfanato había más niños como él, cuya mayor “necesidad especial” es tener el amor y cuidado de una familia. No hay vuelta atrás, una vez que abrazas este camino es como un gran descubrimiento, no importa cual sea su informe médico, los niños no dejan de ser niños.



Cada uno tiene unos límites en los cuales se empieza a asustar, en los que empieza a pensar que su vida se complicará tanto que no podrá sobrellevarlo, pero lo cierto es que la mayor carga la llevan ellos y lo hacen con una sonrisa llena de besos. Quisiera con estas torpes palabras que aquí escribo, invitar a los futuros padres a que miren en sus corazones y se planteen, aunque sea por unos días, si no se sentirían igualmente padres con niños más mayorcitos o con necesidades especiales. Y partiendo de la base de que a todos nos da miedo, explorar las emociones que ello le causa.


3 comentarios:

Victoria dijo...

Mil gracias por esta historia tan hermosa que simplemente acaba de empezar.

CRISTINA dijo...

Gracias por compartir todos estos sentimientos con nosotros. Yo soy madre de tres princesas la ultima nacida en China y gracias a la espera al igual que tu conoci el mundo verde y me enamore de el, teniamos claro que una vez la peque creciera un poco adoptariamos de nuevo por esta via.Los nuevos requisitos no nos han permitido volver a China y entonces descubrimos Etiopía un Pais que tambien nos ha conquistado , ahora acabamos de recibir nuestro CI para necesidades especiales en Etiopía hemos firmado con la ECAI y ya hemos terminado el expediente, solo nos queda que lo legalicen todo y entonces esperaremos esa llamada que llegara y que estamos seguro nos traera una nueva alegria a la familia.
Muchas gracias por tu historia

julieta dijo...

Muchas gracias por compartir tu historia. Cada vez que pienso en los niños que se quedan por nuestros "miedos" se me rompe el alma.
Tu historia anima a personas que puedan estar indecisas a ser valientes y a que todos los niños puedan tener una familia y crecer felices.
Te felicito por tu hijo.

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