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lunes, 2 de agosto de 2010

Segunda parte del relato de Esperanza: EL ENCUENTRO Y LA ADAPTACIÓN

Aquí os dejamos la segunda parte de los relatos que la madre de Esperanza nos irá ofreciendo para conocer mejor a su hija y su N.E.: atresia anal. Por favor, ya sabéis que Esperanza es un nombre ficticio, así que por favor, aunque algunos sepáis de quién se trata, llamadla por este nombre.

La madre de Esperanza opina que es muy largo, yo creo que un relato (y menos el del encuentro) nunca es demasiado largo. Quiero agradecerle que nos entregue su tiempo y que nos haga viajar hasta China y disfrutar del encuentro de su hija y de los emotivos sentimientos que afloran en las dos.

EL ENCUENTRO Y LA ADAPTACIÓN

(antes de nada aviso que me ha salido un relato muy largo; después no quiero quejas, jejejej)

Hace un mes que, oficialmente, es nuestra hija.

Estoy sola en casa y me doy cuenta de que necesito la ayuda de mi media naranja porque no recuerdo a qué hora nos presentamos en el Registro Civil. Sé que fue por la tarde, cerca del mediodía porque comimos deprisa y temprano pero no recuerdo exactamente la hora. Llevamos dos semanas en España y nos está costando recuperarnos del cansancio del viaje y del jet lag.

No pude ponerme el vestido que tenía pensado. Amenazaba lluvia y era mejor llevar otra ropa. Salí de España con un par de conjuntos preparados para el encuentro en diferentes maletas por si se perdían. Tantos preparativos y llegado el momento mi ropa me daba igual. De lo único que me lamentaba camino del autocar era de que el acné hubiese decidido volver después de 25 años, justo una semana antes de nuestro encuentro. Me resultaba curioso como me preocupaba tanto mi aspecto físico frente a mi hija. Ya hacía muchos años que no me sentía así frente a alguien y desde luego ese sentimiento nunca había surgido ante un niño. Todos mis complejos, que fueron muchos, se superaron hace años pero estaba muy agobiada con ese tema, tanto que intenté comprar maquillaje corrector en la misma China sin ningún éxito.

En el autobús empecé a ponerme muy nerviosa. Empezaron a entrarme muchas ganas de llorar.No había tenido ni un solo instante emotivo durante el viaje. Ni cuando llegamos a China ni nada. Me sentía demasiado tranquila diría yo. Creo que durante toda la espera tuve tanto miedo de que todo se fuera al traste que no me permití ilusionarme demasiado. Pero ahora mi hija se encontraba a unos minutos de mi. El cónsul me había asegurado que no había problemas en su traslado por las inundaciones que estaba sufriendo su provincia así que... poco podía pasar que truncara el que yo me convirtiese en su madre.

Pasamos por una calle con tantos baches que pensé que el autobús iba a volcar y que ya era mala suerte no poder llegar a conocerla ¡tan cerca como estaba ya! . Con lo grandes que son las ciudades en China ¿es que no había otra calle por donde tirar?. Sí, si la había. Al día siguiente el conductor tomó otro camino. Me hizo gracia verme tomando tranquilizantes para los aviones cuando aquello era mucho más peligroso. Me entraron unas ganas de decirle al conductor que cómo se le ocurría tirar por allí con el cargamento tan valioso que llevaba dentro ( 5 padres, 5 madres y 2 hermanas, por no contar con la guía). Creemos que el hombre no sabía lo que se iba a encontrar cuando se metió dentro y ya no había marcha atrás. La calle era larga y toda ella estaba en obras. Al menos eso me permitió desviar mi atención y serenarme porque estaba casi ahogada de la emoción.

Al fin llegamos al edificio que aloja el Registro Civil, nos metimos en el ascensor, había que subir a la 8ª planta, allí sería el encuentro con nuestras hijas. La puerta se cerró pero el ascensor no subió, se volvió a abrir. Alguien lo había llamado desde fuera impidiendo nuestra subida. Eran los responsables de los orfanatos con nuestras hijas. Yo estaba al fondo y soy bajita. No vi nada. Mi marido fue el que se encontró con la escena cara a cara y reconoció a la hija de una de nuestras compañeras de viaje. Avisó a esa madre de que su hija estaba allí y ese espacio tan pequeño se llenó de emoción. La madre empezó a llorar y yo tímidamente, no sé por qué, ya había confianza, le puse mi mano encima para acompañarla.

Hasta hace unos días no me enteré de que la puerta se había abierto en la planta baja, todo el tiempo pensé que el ascensor había subido una planta y que nuestras hijas estaban ya esperándonos en el edificio cuando llegamos nosotros. Supongo que llegué flotando hasta allí y seguía sin enterarme de lo que pasaba a mi alrededor.

Es sorprendente lo puntuales que son los chinos. Al menos esa ha sido mi experiencia. Con mis dos hijas llegamos padres e hijas al mismo tiempo al Registro a la hora fijada. Bueno, hay que decir que si llegamos a la vez es porque nosotros, al menos en estas ocasiones, también somos puntuales.

Una vez llegamos a la habitación donde se produciría el encuentro nos encontramos con más familias españolas de otras agencias y también algunas familias americanas. Le dimos nuestra cámara a la hija de una familia española de 9 años que estaban allí en lo que se llama vuelta a los orígenes. Ya habíamos contactado por teléfono. Ella fue testigo de nuestro encuentro y nunca podré estarle lo bastante agradecida de que se encargara de ese asunto con tanto esmero y tanta responsabilidad.

(Eres un encanto C. , nunca podremos estarte lo bastante agradecidos a ti y a tus padres por hacer posible que tengamos ese recuerdo. De nuestra primera hija no fue posible)

Las niñas empezaron a llegar. Las vimos desfilar frente a nosotros y se metieron en una habitación. Yo sólo veía a mi hija. No sé cómo iban las demás, ni quién las llevaba en brazos ni si iban llorando o tranquilas. Nada de nada. De aquel desfile sólo la vi a ella, de la mano de un hombre joven, con gafas y de aspecto impecable. Esperanza andaba detrás de él cogida de una mano mientras con la otra sostenía un brick de leche del que iba sorbiendo. LLevaba un vestido rosa de esos que en España llamamos "de salir" que le estaba un pelín largo y se veía viejo. No roto, pero muy usado. Una pinza en el pelo que no le favorecía en absoluto y unos zuecos de goma amarillos. Se me saltaron las lágrimas al verla pasar y acto seguido pensé: "seguro que tiene algún problema neurológico, esos andares no son normales pero no puedo echar marcha atrás". Eso fue lo que sentí cuando la vi. Que ya no podría abandonarla tuviese lo que tuviese.

Al instante se hizo el llamamiento. Primero una familia del grupo. No recuerdo cual. Nos acercamos por si nos llamaban pronto a nosotros. No sabíamos en qué orden íbamos (nuestro grupo era de cinco familias). No esperaba ser la segunda y me sorprendió escuchar nuestro nombre y el de nuestra hija que allí estaba frente a nosotros sorbiendo su brick de leche de la mano de su cuidador. Al ser nombrada le soltó la mano y le hizo el gesto de que fuera hacía nosotros. Dió una carrera hacia mi gritando mama en chino y se abrazó a mis piernas. No me dió tiempo a agacharme para abrirle los brazos. No estaba preparada para ese recibimiento. Me había imaginado mil encuentros menos ese. Me agaché, le dije que sí que yo era su mamá y ella me contestó que estaba tomando leche. La abracé y le di un beso. Le presenté a su padre y a su hermana. Nos conocía a todos porque le habíamos enviado fotos a través del servicio de Ann. Hasta ese momento dudé de si conocernos antes del encuentro era mejor o peor. Esta claro que en el caso de mi hija fue todo un acierto. El cuidador se acercó para hacernos una foto. Su hermana le puso un collar que le había hecho con bolas de muchos colores. Se lo sigue poniendo. Si por ella fuese se lo pondría hasta en la ducha. Es muy, muy presumida.

Nos fuimos a sentar en un sofá, el Registro tiene una decoración moderna y limpia y se estaba a gusto allí. El encuentro de mi hija mayor también fue en el Registro pero de otra provincia y no tenía nada que ver, pasamos un calor insoportable y eso hizo que las niñas estuviesen más estresadas en la entrega.

Empezamos a darle más regalos, el que más le gustó fue una Minnie Mouse, daba saltos al ver ese peluche cabezón de color rosa. Le dimos unas pegatinas de Mickey, era un regalo que pesaba poco y pensé que a lo mejor le podía gustar. Cogió la más grande y se la puso en la frente, con las demás se decoró todo el pecho del vestido (ya en la habitación hizo lo mismo con las pinzas del pelo, se las colocó todas de una vez en su abundante pero cortísima cabellera). Cuando vimos lo que hizo con la pegatina su padre y yo nos miramos y con las miradas nos dijimos ¡ay Dios la que nos espera con esta!

Y así fue. La primera tarde fue estupenda, obediente , cariñosa (eso sigue siéndolo). Al día siguiente pasó un mal rato en el Registro, pensaba que iba otra vez de vuelta al orfanato y se puso muy nerviosa. A una de las niñas americanas, del mismo orfanato que mi hija pero más mayor, le entró el pánico al ver que la adopción se formalizaba y tuvo un berrinche impresionante. Recuerdo hablar con uno de los padres sobre el tema. Les dije que ninguno teníamos nada definitivo y le confesé que seguramente mi peque estaba conteniéndose, que ya veríamos cuánto iba a tardar en tirarse al suelo y tener un berrinche. Al día siguiente empezó a ponerse muy atolondrada. Al tercer día empezaron los berrinches. Hasta el día de hoy no nos ha rechazado en ninguno de sus disgustos. Se arrebuja contra nuestro pecho buscando nuestro consuelo. De momento no nos ha pegado, ni mordido ni ha salido corriendo cuando le estamos regañando (esos eran mis miedos ante las pataletas).

Volvimos al hotel. Ella sentada encima de mi y su hermana a mi lado. Tranquila. Muy tranquila. La verdad no sé cómo pudo estar tan tranquila con lo atolondrada que estuvo el resto de los días. En la habitación estuvo jugando con globos con su hermana y su padre (su padre ¡ ay su padre! que un día antes de viajar se tragó un vídeo enterito para aprender a hacerle una corona con globos y que ahora es todo un experto en la materia).

Venía con el vestido tan sucio y sudaron tanto su hermana y ella por el camino que decidimos darles un baño juntas. Fue todo un éxito. Lo pasó muy bien, obediente para entrar en el baño y para salir, sin protestas. Como ya dije en el relato anterior se preocupó cuando la sequé y vimos que tenía que hacer caca. Ni mi marido ni yo conseguimos recordar la cena de esa noche. Si cenamos en la habitación o en el restaurante.

Lo que sí recuerdo muy bien fue el momento de dormir. Esperanza iba a compartir una de las camas con su hermana. De nuestra experiencia anterior sabíamos que las camas son muy grandes en los hoteles de China, pensamos no pedir la supletoria en un principio y si hacía falta entonces solicitarla allí. El espacio que ocupaba nos hacía falta para que las niñas pudiesen jugar y encima nos ahorramos 300€. El padre y yo en una (no somos corpulentos). Las niñas en otra. Le di las buenas noches y se quedó muy quieta. Le pregunté si quería que durmiese con ella al ver que no se atrevía a moverse pero que tampoco cerraba los ojos, me dijo que sí y puse mi cabeza a la altura de su cara. Se quedó mirándome muy fijamente a los ojos durante mucho rato. Ese instante ha sido uno de los más emotivos para mi. Las dos mirándonos, esperando conocernos mejor, saber más la una de la otra. Tras un ratito así me dió la impresión que estaba esperando mi siguiente orden, le dije que era la hora de dormir y cerró los ojos. Se durmió muy rápido y del tirón hasta la mañana siguiente que lo primero que hizo fue decirme que se quería lavar los dientes.

Al día siguiente de nuestro encuentro , nuestra guía le preguntó si yo le gustaba. Le dijo que sí. Le preguntó si le gustaba su hermana. Le dijo que no. La guía ya no se atrevió a preguntarle si le gustaba su nuevo papá. Otra cosa no será pero sincera sí que es. Ahora le gustamos todos. Le encanta saber que su hermana la quiere y que no es una rival tan fuerte como para quitarle el cariño de su mamá. Le encanta estar con su padre porque a descubierto a un señor que la lleva al parque, le pone el desayuno y la baña y le dice que la quiere con las tres únicas palabras chinas que se ha aprendido.

Tanto miedo durante meses, pensando que no tenía nada que ofrecerle. Que mi hija me rechazaría y culparía por apartarla de la que había sido su familia durante más de un año, con la patología controlada por lo que me necesitaba aún menos y resulta que mi hija estaba deseando que la adoptásemos. Que no tiene ningún buen recuerdo de su padre de acogida, de la madre no lo sé porque no tengo la foto y mi nivel de chino no alcanza a hablar del tema con ella sin evitar malas interpretaciones. Del orfanato sí tiene buenos recuerdos y de la responsable que atendió a mis preguntas el día de la entrega también. Da beso a esas fotos cuando las ve. Cada vez es más evidente que no se ha sentido querida por este hombre. Dice que no le pegó. Y hoy la hemos grabado explicándonos lo que le pasaba con él. Tiene algo que ver con el pipí. Yo intuía que había estado muy presionada para alcanzar la continencia. Tendré que mostrarle la grabación a mi profesora para que me la traduzca porque no alcanzo a entender lo que dice.

¡Cómo puede sorprenderse una niña de cuatro años cuando su madre le dice que la quiere y que le gusta mucho como es!.Mi hija no daba crédito a lo que entraba por sus oídos hace unos días. Y para asegurarse me preguntó " ¿te gusto?", " Sí, me gustas mucho" le respondí y entonces se bajó de la silla, me cogió la mano y me la besó. Y yo lloré. Y es que es la pura verdad, mi "cabrita loca", como la llamábamos en China, me gusta mucho. Porque es buena, cariñosa, simpática, risueña, trabajadora y con una sensibilidad increíble ante el dolor de los demás. Mi hija hacía mucha falta en mi casa.

Por desgracia ahora sí tengo la tranquilidad de que tengo mucho que ofrecer a mi hija. Espero poder curar sus heridas del alma. Al parecer su necesidad especial era otra y nada tenía que ver con el diagnóstico de atresia anal postoperativa que constaba en su informe.

Esperanza nos tiene reventados. Los días en China fueron muy duros. Hemos adelgazado porque no nos dejaba comer. El clima no ha favorecido en absoluto el viaje. Ha sido agotador. Mi hija mayor no ha llorado en 5 años con nosotros tantas veces como en estas 3 semanas en China. LLegaba a taparse los oídos porque decía que su hermana era muy chillona y muy exagerada y estaba cansada de escucharla. Era la niña más escandalosa y activa de todo el grupo, poniéndose en peligro contínuamente. Muy, muy torpe. Tanto que durante los tres primeros días estaba convencida de que había algo más no diagnósticado.

En China te entregan a los niños y al día siguiente se formaliza la adopción. Ese primer día es para que los padres podamos observar a los niños por si hay algo que no marcha bien y no se ajusta a nuestro perfil de idoneidad poder dar marcha atrás y no seguir con la adopción. Suena muy mal y parece una salvajada pero pensándolo friamente cada uno de nosotros tenemos un certificado de idoneidad para un menor con un perfil X y no siempre se está preparado para enfrentarse a otras cosas desde el minuto cero. Desgraciadamente nos encontramos con una familia que habían pasado por ese trance unas semanas antes. Viajaron a China a por una nena de vía ordinaria que tras consultar con un especialista fue diagnósticada de una enfermedad neurológica. Los futuros papás rechazaron la asignación y el CCAA le asignó otra niña de nuestra provincia. Estaban en nuestra provincia con su hija de la mano y destrozados por la niña que habían dejado en la otra unos días antes.

En nuestro caso, a pesar de nuestro convencimiento de que mi hija tenía algo neurológico, ni a mi marido ni a mi se nos pasó por la cabeza dar marcha atrás. Es más no queríamos ni comentar el tema. Esa era nuestra hija ya aunque los papeles no estuviesen firmados. Pero es cierto que la miraba y aterrorizada pensaba en mi hija mayor y que si el comportamiento de su hermana no cambiaba la había metido en un buen lío. Por eso creo que juzgar a una familia cuando pasa por esa situación sin conocer las circunstancias reales que la rodean puede ser muy injusto.

Después de dos semanas en España, no la conocemos. Anda mucho mejor. No se cae tanto. No se mancha tanto al comer. No tiene tantos berrinches. Ahora estamos convencidos de que necesitaba comer mejor, más estimulación y más tranquilidad.

Respecto a mi hija mayor yo tenía el miedo de romper su tranquilidad. ¿Por qué teníamos que abarcar más si ya éramos felices? Todo el mundo me comenta que es mejor que tenga una hermana pero yo pensaba y lo sigo pensando que el futuro decidirá si ha sido lo mejor. Espero que sí, el mundo está lleno de hermanos que se llevan a los tribunales o que no se hablan en años. En el futuro no sé si será mejor o peor que tenga una hermana pero en el presente, después de un mes juntas, observo que su hermana le ha venido muy bien y el carácter que tiene más aún. Son el agua y el aceite.

Pero mi mayor está ahora más activa, más trabajadora, más animada. Su vida tiene ahora mucha "salsa": más risas, más llantos, más juegos. El que Esperanza la rechace en muchas ocasiones le está ayudando a aprender a no rendirse. A que las cosas no se consiguen con la facilidad a la que estaba acostumbrada. Y lo más importante, la veo cada vez más segura de sí misma.


Pda. Ya os lo dije , era largo pero sé que cuando estamos a la espera de nuestros hijos parece que todos los detalles son pocos.

Nos alimentamos de esto y espero de esta manera poder devolver de algún modo toda la ayuda que durante meses otras madres me han dado a mi.

3 comentarios:

Sara dijo...

Soy madre de tres niños, los dos mayores son biológicos, y la pequeña, adoptada. Quiero hacer una observación a un comentario que haces al final de tu relato. Y no es "políticamente correcto", lo digo de antemano. Yo sí creo que se puede juzgar a una familia cuando comete la atrocidad de abandonar a SU hijo o hija porque tiene un problema con el que no contaban. Por supuesto que es condenable que las autoridades del país cometan estos fallos, porque lo son, pero éso es algo con lo que todos los padres del mundo, biológicos o adoptantes, tenemos que contar. El riesgo existe. En una adopción y en un embarazo. ¿Y qué haces si en una de las revisiones te dan una mala noticia? A lo mejor decides interrumpir el embarazo, pero si eres de las que nunca lo haría, ¿Por qué interrumpir la adopción? La consecuencia es la misma. Dos vidas destrozadas, o más, en algunos casos.
He reflexionado mucho sobre este tema, y he llegado a la conclusión de que el problema está en que hay padres que no consiguen interiorizar en toda su complejidad el concepto de la paternidad. No es posible que una persona o una pareja que haya sabido integrar todos los aspectos, positivos y no tan positivos, que supone la condición de convertirse en padre o en madre, y aquí entra de nuevo el tema del riesgo, llegado el momento de la verdad, sea capaz de dar marcha atrás. Algo ha fallado en el proceso. No se puede abandonar a un hijo, sencillamente. Si eres capaz de dar ese paso es porque no lo consideras así, porque no has conseguido integrarlo en tu vida.
Todos conocemos casos. El argumento suele ser el mismo: No estamos preparados para ésto... Nadie está preparado para estas cosas. A vivir con problemas no se aprende de un día para otro.
Es un error idealizar la adopción. Ser mamás y papás es maravilloso, pero si aparece la cara oscura de la vida, hay que hacerle frente. Y sobre todo, saber que te puede pasar a tí. Que los errores existen, y hay que contar con ellos. El problema puede aparecer el primer día o el primer año, pero uno es padre o madre hasta el último día de su vida, así que...Las consecuencias de una decisión errónea son dramáticas para todos.
Lo siento, pero es lo que pienso. Y tengo el defecto de la sinceridad.

Pilar dijo...

Me ha emocionado tremendamente tu relato.... Sincero.... Transmites fielmente tus sentimientos y me ayudas a mitigar mis preocupaciones.... Muchísimas gracias....

Anónimo dijo...

Sara :Y si después de 7 años esperando asignación , la niña que te asignan te dicen que no vivirá más de 6'meses? Sigues adelante? Es muy fácil juzgar sin verte en esa situación.
Es muy duro.

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